lunes, enero 19, 2009


La mala educación

La semana pasada ocurrió algo que me dejó de piedra... una vez más. Tiene que ver con recursos humanos, pero sobretodo con la educación. Mejor dicho, con la mala educación. Deberían emitir carnets de directivo renovables previo riguroso examen cada cierto tiempo. Y en ese hipotético y poco probable examen habría una parte obligatoria y no convalidable de educación, de la buena. De la que dan los padres en casa, de la que se copia de los mayores. De la que está claro que algunos carecen. Y es que en tiempos de crisis es cuando mejor podemos conocer la catadura moral de las personas. Alguna vez ya hemos hablado aquí de como es en la adversidad cuando podemos observar mejor las cualidades de los líderes, pero es que la realidad es muy, muy tozuda. Por favor, nunca hagan esto a su gente.
Déjenme que les describa la escena: es viernes por la mañana de un fin de semana cualquiera. Hace quince días fue Navidad y el año se cerró con normalidad. Bueno, con normalidad no, porque las cosas no van bien. Hace meses que la empresa tiene problemas con las ventas, con los márgenes, con el stock, con los cobros...Desde entonces el buen ambiente se ha ido a hacer puñetas.
Antes no, antes nuestro hombre estaba bien considerado; un puntal en la empresa. Él era uno de los artífices del éxito, una de esas piezas que contribuyen un año sí y otro también al crecimiento, un tipo conocido en el sector, con prestigio. Nunca una mala crítica, nunca un desdén. Todo virtudes, un gran profesional y mejor persona, se decía. Antes los viernes había cierta alegría. Salían sobre las 12 e iban al bar de al lado a encargar el aperitivo para luego. Deja, ya pago yo que el mayor ha cumplido ya un año. ¿Y cómo está tu mujer? A ver si quedamos y cenamos. A ver.
Antes en la oficina siempre había chistes, confianza, alegría de vivir. Ahora no, hacía ya unos meses que todo eran malas noticias. Se rumoreaba que alguna de las empresas del grupo tenía problemas serios y que probablemente alguno acabaría en la calle.
Pero nuestro hombre nunca piensó que le podía tocar a él. Y si lo pensó nunca creyó que iba a ser en el minuto siguiente, siempre creyó que le citarían un día cualquiera diciéndole para qué le llamaban. Creía que le dejarían despedirse de todo el mundo, que necesitarían que les contase con todo detalle en qué situación están todos los asuntos. Que tendría que explicarles cómo se llama ese tipo tan amable de Sabadell que pasa los pedidos el 25 para que puedas cerrar el mes. Que querrían saber porqué consumen ese modelo y no otro. Que necesitaría varios días para cerrar las propuestas que tenía ya enviadas. Pensó que a su jefe le costaría echarle, las habían pasado juntos de todos los colores y llegado el caso todo sería muy noble.
Son las 10 y en la oficina hay un señor con un traje y una corbata que se identifica como un abogado de la empresa. Eso se sobreentiende que quiere decir que representa a la empresa. Nunca lo pensó, nunca creyó que podía ser así. Ese señor que dice que es abogado pregunta por nuestro protagonista y le explica en nombre de la empresa para la que los dos trabajan que está despedido. Le pide que deposite encima de la mesa las llaves del coche de empresa, el teléfono y por supuesto el ordenador portátil. Como medida condescendiente le deja que copie los archivos personales que pueda tener a una memoria externa. Ya se sabe, fotos personales, de la última cena con todos los compañeros, esas cosas. Eso sí, el señor que dice que es abogado está muy atento y controla que no se copie algún archivo ese señor que ahora ya no es un puntal, ahora es un sospechoso.
El señor que dice que es abogado realmente debe serlo, viene bien preparado. Trae consigo una cartera oscura donde guarda unos documentos para nuestro hombre. Se trata del finiquito, la liquidación, una carta donde admite que no reclamará nada más y que se da por bien pagado, un talón nominativo con las cantidades esperadas y otro documento más.
Es una extraña y curiosa carta. Viene firmada por su jefe, el que no está y lleva el membrete de la empresa. Hay pocas, muy pocas líneas en ella. Dice esa carta que está despedido por un "descenso continuado del rendimiento". Él quisiera pedir explicaciones, pero comprende, ahora sí, que el abogado no se las va a dar. Nadie se las quiere dar.
Hoy es viernes en la oficina, son las 12 y todos están en silencio.

10 comentarios:

Senior Manager dijo...

Lamentablemente esta historia se está replicando y repitiendo a lo largo y ancho del territorio nacional, algunas más matizadas que otras, pero con un final muy similar. Es evidente que estamos atravesando tiempos difíciles y que las cosas han cambiado radicalmente... nadie está excento y cualquiera es propenso de caer, es la realidad y es poco lo que podemos hacer, tal vez si un par de cosas... adaptarse y esperar tiempos mejores mientras tratamos de mantenernos motivados.
SM

Directivo Pyme dijo...

Lamentablemente, para mi esto no es nada nuevo.

Trabajé en una compañía que en cosa de 2 meses pasó de 300 a 150 empleados. Y las formas eran las mismas que las detalladas en el post.

Nada nuevo bajo el sol.

Lo que nos queda es trabajar nuestra empleabilidad. Que cada uno realize su propio plan estratégico y se vea como una empresa. Tendrá que saber de dónde va a obtener los ingresos que ahora pagan sus gastos.

Tener un plan de contingencia, tener un plan B. Estar en contacto con el exterior, trabajar tu red de contactos, estar en procesos de selección abiertos. Para así, estar siempre preparado para una eventualidad de estas que a pesar de que estoy contigo en que es de mala educación. Añado que debemos estar preparados y muy educadamente ir a otro trabajo mejor y si te ofrecen una mejor oportunidad irte sin ningún escrúpulo, pero ojo con las nuevas ofertas no es oro todo lo que reluce.

Ánimo y a por el 2009!!!

Agustí López dijo...

Hola SM!

Gracias por pasarte por aquí!

Lamento que esta historia no sea aislada, por eso precisamente me decidí a escribirla, para denunciar el cómo, no el qué.


Efectivamente toca adaptarse y rápido. Creo en el enfoque positivo y en buscar nuevas oportunidades donde a veces nos parece que ya no quedan.

Y también soy de los que creen que la motivación empieza en el coco de uno mismo, no en el de los demás.

Agustí López dijo...

Hola Directivo y bienvenido, gracias por pasarte!

Coincido en que todas estas acciones y otras parecidas que estaán ocurriendo tendrán su repercusión en el futuro. No se olvidará tan fácilmente cómo se comportaron las empresas durante la crisis. Esto tendrá repercusiones cuando en lugar de despidos volvamos a hablar de motivación, compromiso, implicación, etc. No va a ser gratis.

Por cierto, he visto en tu blog el Post sobre Aguado, un tipo genial y sus conferencias tronchantes!

Carol dijo...

Desafortunadamente y dados los tiempos que corren, esa escena podría pasarnos a cualquiera en cualquier momento, nadie está libre.
Para leer más sobre empleo: http://empleo.universiablogs.net

Agustí López dijo...

Gracias Carol por pasarte por aquí. Efectivamente esta escena es más común de lo que debiera...

Saludos!
Agustí

Laura dijo...

Buenas, saludos a todos.
Creo que esta situación está siendo común en Argentina como alrededor del mundo.
Trabajo en una empresa, un ISP (internet service provider) donde solo somos DOS empleados para más de 100 clientes. La queja no es por el exceso de trabajo,es por la falta de recursos y/o opciones para "mantener la linea" mientras esta crisis económica se marcha. (Considerando que nada es eterno)
Hoy por hoy el valor del trabajo, no es balanceado por los pagos a los trabajadores.
La crisis apremia y nos pone ante situaciones límite, donde o aceptamos lo que hay, o nos quedamos sin nada.
Soy la encargada de dicha empresa, y ante que todo, me pongo en el lugar de empleado, cosa que me enfoca dentro de una visión muy "educada".
Un saludo!!!

Agustí López dijo...

Gracias por pasarte por aquí y dejar tu experiencia Laura. Muchos ánimos en este tiempo tan duro además con ese plus de responsabilidad que te da el puesto y que en ocasiones uno desearía no tener. Nos leemos.

Gloria dijo...

Todo es cuestión de formas. Y ésto parece que últimamente lo olvida todo el mundo. Si los despidos ( quizás sí obligados por la situación de la empresa ) se humanizaran un poquito más no serían tan traumáticos, ni para el recién desempleado, ni para sus compañeros , que saben que tal vez...ellos sean los siguientes..

Un abrazo Agustí

Agustí López dijo...

Muchas gracias por pasarte Gloria!
Desde luego que éste es un momento clave en la vida profesional (y en la otra también) de uno. Y momentos como éste dejan huella, más cuando los motivos no son tan evidentes como pudiera parecer...
Es en esos momentos donde de verdad conocemos la calidad de las personas, ¿no te parece?